Entrar a las 8 de la mañana es negativo para los y las adolescentes.

Los y las adolescentes entre 12 y 20 años sufren cambios debido al descontrol hormonal propio de la pubertad, aumentando la necesidad de horas de sueño.

Esto no se tiene en cuenta en la etapa escolar, sobre todo en secundaria, donde las clases suelen comenzar a las 8 de la mañana. Mientras que a un adulto puede bastarle con 7 horas de sueño, los y las jóvenes necesitan de 9 a 10, lo que les obligaría a acostarse sobre la 9 de la noche.

Pero hay un problema añadido. Debido a los mismos cambios hormonales, la producción de melatonina (la hormona que regula el sueño) se retrasa en esas edades, con lo que es muy común que la sensación de sueño no aparezca hasta la medianoche.

No, los horarios escolares no lo tienen en cuenta porque están diseñados mucho antes de que se hicieran estos hallazgos. La consecuencia más común es que los y las adolescentes llegan a la escuela con pocas horas de sueño, y su desempeño, sobre todo en las primeras clases, es deficiente.

Según un informe de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria,  el 75% de adolescentes en España reconoce que necesita dormir más todos los días. Pero no pueden, los horarios escolares son la principal causa de este desajuste.

Juan Díaz-Morales, psicólogo y coautor del estudio La matutinidad/vespertinidad en la transición de educación primaria a secundaria, afirma que dormir toda la mañana durante los fines de semana palía esta deficiencia, pero no es lo ideal, ya que no se recupera el sueño totalmente.

El uso de dispositivos digitales como tabletas o móviles agrava la situación, ya que es sabido que la luz de las pantallas inhibe la segregación de melatonina, retrasando aún más la llegada del sueño.

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